¿Crisis o revolución industrial?
El otro día paseando por mi barrio me di cuenta de la cantidad de negocios tradicionales que se han cerrado, los carteles de se alquila de las distintas inmbiliarias rivalizan entre ellas en los pocos metros que hay junto a cada persiana bajada. Ante un panorama tan desolador encaminé mis pasos hacia un centro comercial, donde esperaba ver más variedad, pero la epidemia de cierres también los ha alcanzado y numerosos locales lucían las campañas de publicidad corporativa del centro u ofrecían servicios como ludotecas gratuita, recursos para disimular una tienda cerrada y el efecto devastador que produce entre los visitantes que por allí pululamos.
Me adentré en una tienda de electrodomésticos del centro comercial y me vi asaltado por hasta tres dependientas que me preguntaron en qué me podían ayudar. Ante tanto ofrecimiento, fruto de la falta de clientela me decidí a darle un poco de cuartelillo a una de mediana edad y trazas de ser una persona curtida en el mundo del comercio. Con la excusa de estar interesado en renovar el frigorífico de casa comencé a charlar con ella con la única intención de tener una toma de contacto con un comerciante, para ver qué esta pasando. No pareció sorprenderse de que tuviera conocimientos técnicos del apasionante mundo de los frigoríficos, en lugar de preguntarme si era del ramo me preguntó qué era lo que había leído en Internet “porque no todo lo que se publica es cierto”. Touché. Aproveché que sacaba el tema de Internet a colación para indicarle la diferencia de precios existente. “El alquiler del local, los sueldos de los que trabajamos aquí y el servicio que le prestamos a usted como cliente son los que motivan la diferencia”. La verdad es que a mi el alquiler del local y los sueldos no me aportan ningún valor sobre el producto, y el servicio que me dan se reduce a que me asalten tres señoras o señoritas preguntándome en qué me pueden ayudar, pues la información que me aportan sobre el producto es menor que la que yo he recabado a través de la propia web del fabricante, por no hablar de las opiniones que he leído de otros usuarios. El porte a casa gratuito también me lo ofrecen muchas webs, e incluso sumando el precio de los portes de las webs que los cobran más el precio me sale más barato que comprarlo en la tienda.
Obviamente no le hice estas indicaciones a la dependienta, simplemente opté por dejarla seguir con su explicación e intento de venta y finalmente me despedí con un “me lo pensaré” que por la expresión de su cara no le sonó muy convincente, pues su mirada y sus gestos traslucían su íntima convicción de que lo acabaría comprando en Internet, clasificándome así en una larga lista del clientes perdidos por el auge de las páginas de comercio electrónico. Una lista que crece al mismo ritmo que menguan sus ventas y la recaudación de su caja.
Y es que es difícil competir con una tienda en Internet, hagamos una sencilla comparación. Tomemos el caso de la tienda de electrodomésticos antes descrita y su homóloiga en Internet y comparemos sus costes. La primera iferencia la encontramos en el espacio: una tienda tradicional bien ubicada (en un lugar de mucho paso o en un centro comercial) con una superficie de al menos 300 metros cuadrados tiene un coste de entre 2.000 y 4.000 euros en función de la población y la ubicación; en este espacio tiene capacidad para exponer aproximadamente entre 400 y 500 referencias. Por su parte la tienda on line tiene presencia en todo el territorio nacional a trravés de Internet, no precisa de espacio físico y el alojamiento de la tienda en un servidor de calidad con un servicio de primera tiene un coste de entre 100 y 200 euros al mes, es decir, sólo el 10% del coste de una tienda tradicional para poder tener una exposición virtual de 5.000 referencias. En la tienda tradicional se precisa de al menos cuatro vendedores trabajando a turnos de lunes a sábado, lo que nos puede suponer un coste de unos 8.000 euros mensuales, una tienda on line como la descrita anteriormente con un único operador a jornada completa puede mantenerse abierta y funcionando 24 horas los 365 días del año, de manera que el cliente realice sus compras en el momento que mejor le venga.
La generación de tráfico en la tienda es otro de los aspectos a valorar en esta comparativa y resultan también demoledores. Las tiendas tradicionales generan tráfico mediante su ubicación en el centro de la ciudad o en un centro comercial., lo que les garantiza un tráfico, que no siempre busca sus productos, frente a su escaparate de varios miles de personas, lo cual influye en el precio del alquiler del local; a esta ubicación se le suma la publicidad realizada por la enseña a la que pertenezca la tienda y la promoción realizada por el centro comercial o la asociación de comerciantes. La tienda en internet no cuenta con estas ayudas, debe realizar una inversión en medios on line que le genere tráfico al interior de su página de clientes potenciales, esta inversión arranca en los 1000 euros mensuales, siendo la inversión media algo superior a los 3000 euros mensuales, lo que supone aproximadamente un 8% de la facturación mensual.
Tras hacer esta reflexión me pregunto ¿es la crisis la causante de que cada día veamos más comercios cerrados en la calle o estamos asistiendo a la tercera revolución industrial? Yo me decanto más por la segunda opción, porque los datos de las ventas en Internet tienen un crecimiento de dos dígitos en plena crisis mientras que el comercio tradicional sigue bajando.
¿Cómo triunfar en Internet? Eso es una interesante pregunta que responderé en otro post, pero los que no puedan esperar pueden llamarme al 902 210 213 o escribirme un correo a oscar@eonmkt.com






