Puede parecer pueril, pero debo reconocerlo: tengo miedo a los aviones. Y es que no puedo evitarlo, de pequeñito aprendí andar, luego más mayor aprendí a nadar… pero aún no he descubierto cómo se hace para poder volar. Y claro, eso me acongoja cuando subo en avión.
Y es que todo son pegas cuando quieres coger un avión. Primero te obligan a presentarte dos horas antes. ¿Para qué? si el avión va a salir con retraso igual. Si yo llegara al aeropuerto a la hora que está programada la visita del avión, aún tendría las dos horas de antelación que me piden hasta que de verdad salga. ¿Te imaginas que para coger el metro tuvieras que estar dos horas antes en la estación? Uuuufff, con ese olor a humanidad que desprenden algunos y ese músico callejero tocando los grandes éxitos del Fary… es que esas cosas cabrean más que escuchar la COPE por las mañanas, de verdad.
Bueno, pero los suplicios no acaban ahí, noooo. En la ventanilla aquella, al lado de la cinta transportadora, como si fuera una cajera del Carrefour te espera una azafata: la lista. Y digo la lista porque lo es: es la que no se sube al avión y se queda en tierra. Y esa amable señorita a la que tienes que darle la maleta te pregunta “¿dónde va usted caballero?” Y tu piensas ¿pero importa? si la maleta la vais a mandar a cualquier sitio menos a donde yo vaya. Prueba a decirle un destino falso, si vas a Madrid dile que vas a Barcelona, así en lugar de enviar tu maleta a Málaga la enviarán a La Coruña. Que se fastidien que esta vez has sido tu más listo que ellos.
Cuando consigues ya facturar y con la tarjeta de embarque en tu mano viene tu momento de fama. Si siempre has querido que te llamen por megafonía como si fueras un personaje VIP espérate a que llegue la hora de salir el avión y no te presentes… verás como te llaman, hasta los pasajeros te van a llamar de todo menos bonito cuando subas al avión.
Yo recuerdo bien la primera vez que subí en avión: pasé la puerta de embarque salí a la pista y donde esperaba ver un avión grande, lustroso, con muchos motores ¿qué me encontré?… un autobús, de Iberia, eso sí. Pues vaya con el avión, y yo que pensaba que tenía alas. Al menos así no tengo miedo de subir, total, cojo uno de bajo coste y de color rojo todos los días para ir al curro.
Pero no, el autobús es para llevarte al avión. Debe ser que el piloto es novato y no sabe aparcarlo junto al edificio sin rallarlo o sin romper algo, lo cual no me tranquiliza demasiado… y es que en momentos así yo entiendo al Papa, que cuando aterrizan y baja la escalerilla lo primero que hace es besar el suelo… pobre hombre, la de miedo que debe pasar en el avión, y es que todos nos acongojamos cuando tenemos que subir a la última planta a ver al jefe, digo yo que será por eso por lo que tiene miedo el papa a volar.
Una cosa que te das cuenta cuando subes al avión es lo poco que ha progresado la ciencia de los aviones: hace 20 años cuanto subías al avión tenías que abrocharte el cinturón, como en el coche. Pero como las cosas progresan hoy te subes al avión y te sigues poniendo el cinturón, como en el coche, no puedes hablar por el móvil, como en el coche, pero… ¿y los airbag que tiene mi coche, porque no los tiene el avión?. Y digo más ¿de qué sirve el cinturón en los aviones? ¿por si chocamos con el avión de delante no salir despedidos por la ventanilla como en el coche? Pero si la ventanilla esta a la derecha, no delante. No se, no me convence mucho.
Luego tienes las explicaciones que dan las azafatas, que las dan en playback, porque se oye una voz por los altavoces y ellas hacen como que hablan. Es como bailar la batuka pero en lugar de con música con un soniquete de fondo.
En la explicación se produce otra de las cosas que no acabo de entender: volamos de Valencia a Madrid ¡¡ y te explican como ponerte el chaleco salvavidas !!. Vamos a ver: o el piloto no sabe muy bien por donde va o tiene miedo que nos caigamos en una piscina.
Luego te explican como ponerte la mascarilla de oxigeno por si hay una descompresión en pleno vuelo. Personalmente creo que harían mejor en indicarnos donde guardan el polvo de talco y las toallitas húmedas, porque como caigan las mascarillas servidor se caga.
Y en esos momentos es cuando viene lo mejor: las escenas de pánico, el típico pasajero que presa de su miedo empieza a gritar: quiero salir de aquí. Pues nada chico, sal fuera, te fumas un cigarrito para tranquilizarte y luego si eso vuelves a entrar (este debe ser de los que de pequeñito sí aprendió a volar).
Pero no hay que preocuparse cuando uno sube a un avión, cada uno tiene escrito ya en el libro del destino el día y la hora a la que va a morir… así que esperemos que hoy no sea el de los pilotos. Aunque también para eso hay solución, que lo he visto en las películas: si alguien sabe manejar un avión que se pase por la cabina del piloto (debo aclarar que en un caso así no es imprescindible acreditar la experiencia). Se ruega a los señores musulmanes abstenganse de presentarse.
Así que ahí vas tu, que estas tan seguro porque en el videojuego el otro día casi consigues llegar al aeropuerto y recuerdas: que más da, si los aviones del hoy en día lo hacen todo automáticamente, hasta puede aterrizar solo. Claaaaaro, y como puede hacerlo los fabricantes les ponen mil botoncitos y relojes sólo para impresionar y los pilotos están de adorno… no te digo.
De todos modos tu preséntate, que si eres capaz de manejar un teléfono móvil de los modernos que salen ahora y usar todas sus funciones, pilotar un avión esta chupao… y si no, pues chico, deberías haberte ido con tu maleta, que ella sí llegará a su destino.